divendres, 20 d’abril de 2012

Las gárgolas


Bosque de Borrgreen. 16:07.
Derky: Oye Wretex, quieres que te cuente algo extraño?
Wretex: Desde luego. Venga, dispara.
Derky: Dicen que un extraño hombre, el cual se hace llamar J, está buscando y destruyendo todas las gárgolas. Nos está destruyendo! Es extraño, solemos estar bien escondidas, pero de 50 que éramos, solo quedamos 7!
Wretex: Vaya, que cosa mas extraña. Espero que ese tal “J” no se pase por aquí.
Entonces, unos cuantos disparos resonaron por todo el bosque de Borrgreen, y las dos gárgolas quedaron fulminadas tras recibir 2 impactos de revolver.
J: Ya solo quedan 5…

Tras eso, J se dirigió hacia la posada de Lomonti, a un par de horas de allí. Al llegar, le pidió una cerveza bien fría a una apuesta camarera de pelo rojo.
Camarera: Aquí tienes, señor…
J: J, mi nombre es J.
Camarera: De acuerdo, J, quieres algo para comer. Ardilla asada, bacalao, pollo, lechuga,…
J: No nada. Pero tráigame una jarra vacía.
Unos minutos después, la camarera le trajo una jarra, como le había pedido J.
J: Gracias, tome, es por romper la jarra.
Camarera: ¿Qué? Pero si la jarra sigue intacta?
J no le respondió, solo se levantó, dejando su cerveza a medias, y se dirigió hacia la barra, y se quedó mirando a una diablesa que estaba sentada.
J: Tu, demonio. Se quien eres, y ahora mismo me vas a decir donde están las restantes gárgolas.
Diablesa: ¿Perdona? A las señoritas se les trata mejor,  ¿sabes? Y.. ¿qué sabré yo sobre las gárgolas?
J: Señorita… No me hagas reir. Eres Amy, una poderosa bruja, exactamente la que creo el Nircot, el libro de los muertos. Y así liberaste a cientos de miles de espectros y sombras, y 50 espectros exactamente se encarnaron en gárgolas, y tú sabes muy bien quienes son.
Diablesa Amy: Vaya, parece que alguien ha hecho los deberes… Pero no tienes ninguna prueba de que sea yo esa bruja…
J: Como que no… Ese tatuaje que tienes en la pierna. Solo ha existido un tatuador capaz de hacer ese dragón.
La diablesa empezaba a ponerse nerviosa, y se veía como no dejaba de fijarse en la puerta.
J: Responde bruja.
Diablesa Amy: …Sabes; eres un tipo listo… Pero, si fueras lo bastante listo, te percatarías de que si soy una bruja tan sumamente poderosa, te podría matar a ti sin pestañear.
J: Si quisieras matarme, ya lo habrías hecho. Y ahora, si no quieres que tu cabeza se separe de tu cuello, ¡más te vale que me digas dónde están las malditas gárgolas!
Las cosas en el ambiente empezaban a caldearse, pero justo cuando parecía que Amy iba a decir algo, entró un borrachuzo con un aliento que echaba para atrás.

Borrachuzo: Venga camarera, póngame una gran cerveza. Pero ¿ qué tenemos aquí, una diablesa, con sus dos cuernecillos y todo?, ¡jajaja, anda, y tiene a su novio. Que adorable…!
Diablesa Amy: Se refiere a nosotros?!
Ambos sacaron las armas. J su revolver, y le apuntó a la cabeza, y Amy un fusil, y le apuntó al corazón.
Borrachuzo: Anda, tenéis unos juguetes, dejadme verlos…
Se acercó tambaleándose por culpa de la gran dosis de alcohol que había tomado.
J: Ni lo sueñes.
J decidió actuar, y le metió lanzó la jarra vacía en la cara, partiéndole la mandíbula, y rompiendo en pedazos la jarra.
J: Mucho mejor. Y ahora… *J le apuntó a Amy en la cabeza con su revolver cuando ella estaba distraída*… Es tu turno. Dime donde están las gárgolas, o morirás.
Diablesa Amy: Que te parece si hacemos esto: Yo te ayudo a destruir las 5 gárgolas restantes, pero sería el 50% del tesoro de las gárgolas para mí.
J: Con que conoces el Tesoro de las gárgolas… 70% yo, 30% tu.
Diablesa Amy: Mmm..., ni hablar. 60% tu y 40% yo. Es mi última oferta.
J: De acuerdo. Si no hay otra opción…
J y Amy partieron hacia Hostinkel, un lugar tortuoso y oscuro, lleno de banshees, licántropos, y demás…
J: Seguro que sabes dónde vamos?
Diablesa Amy: Shhhh, esta allí.
J disparó en menos de lo que canta un gallo y le voló las alas de un solo disparo, tras lo cual cayó y se hizo “pupa”… J y Amy se escondieron tras unos arbustos, y esperaron hasta que aparecieron las demás gárgolas para ayudar a la que había caído, que aun seguía viva.
Diablesa Amy: Ahora.
Los dos salieron de la nada y destruyeron a tres, la otra se fue volando.
J: Diablos! Se nos a escapado una!*Dijo mientras aplastaba la cabeza de la gárgola que utilizaron como cebo.*
Tras lo cual, la diablesa se adelantó, y pronunció unas palabras arcanas. Tras lo cual, cortó el aire con la mano, y apareció una pequeña brecha, y de ella, un libro viejo, desgastado, y con una funda de una especie de piel… Humana?
Diablesa Amy: Bueno, ya que solo queda una, podré destruirla sola…Ya no me sirves, J…
J: El Nircot… No te atreverás a…
Diablesa Amy: O, si. Liberaré a los demonios, pero no solo eso; También liberaré a Drenkium, muhahahahahaha…
J: Drenkium… El dios de los Brothers, una raza capaz de destruir este mundo en menos de unas cuantas lunas… Espera, que estas… No!
Tras una pequeña pausa, un espiral salió del libro, dejando ver como cientos de espíritus errantes que antes permanecían atrapados en el Nircot se dispersaban por todo el mundo.
Derkium: Por fin, libre. Hacía tiempo que no respiraba aire puro, tres, cuatro milenios?
Diablesa Amy: Drenkium, dios todo poderoso de los espíritus y la muerte. Yo te he invocado para que juntos gobernemos este mundo, obedéceme!
Derkium: Yo, obedecer a una estúpida diablesa! Ja… Pero, esto me lo quedare *Dijo mientras cogía el Nircot*
J: Parece que no te hace mucho caso, verdad, bruja? No tienes poder para controlar semejante abominación…
Diablesa Amy: Que, no, yo lo he liberado, y me obedecerá! Dernkium! Destruye a ese maldito “J”, ya!
Derkium: Como osas hablarme así, a mí, a un dios!
Derkium, enfadado, alzó su gigantesco brazo, y lanzó una bola descomunal hacia nosotros, pero conseguimos esquivarla.
J: Parece que no aprendes, bruja. Solo se puede hacer una cosa, aunque juré que no lo volvería ha hacer en la vida, pero, es eso, o que todo el mundo sea destruido.
Al decir esto, J se quitó la túnica y la camisa, dejando ver su fuerte torso, y en su centrol, la marca de un ojo arcano, el cual empezó a brillar cuando el pronunció unas palabras.
J: Desató la furia y la sed de sangre de mi bestia interior, y no sé si aun lo rocordarás, Derkium. Y que la bestia no descanse hasta que el enemigo se suma en completo silencio…
Esas fueron las últimas palabras de J, que ahora yacía en el suelo, muerto, pero su esencia encarnada en una gran figura humanoide, negro, y con ojos naranjas por todos lados.
Derkium: No puede ser, Curzer, no!
Curzer y Derkium batallaron durante días, algunos dicen que incluso durante semanas, pero esto es solo una leyenda, dicen que en el interior de las estatuas que adornan Borrgreen y todo el mundo, que conmemoran ese acontecimiento, dentro de ellas están sus almas, aferradas a este mundo, condenadas a pelear siempre, para defender el equilibrio de este universo universal.

Text escrit per Miguel A. Ceforo. Sisé B

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